martes, 20 de agosto de 2013

Aniversario



Si yo supiera ponerte una flor en el pelo su fragancia sería voz, aniversario de la primera vez que me miré en tus ojos. 

Azules de cielos que cumplen trece años. Morena como la misma sierra, risa que hace vida, falda que se estrena, miradas furtivas, amigas que te rodean, carpeta que aprietas contra tu pecho.

Planetas que se desentienden de su órbita,  presentimiento de un poema, una pena; acercándome voy.  Montañas de ocho mil vienen para recoger el eco;  un níspero tiembla, cuentos de princesas se borran y toman nota.

No aguanto más, Miñarro, amigo, no te separes de mí. Y como el que se acerca herido, con la flecha en mitad del alma, sólo te veo a ti, primer día de clase de un curso nuevo, de un patio que no cabía ni uno más.

Vas dejando tu sonrisa, vas dejando de hablar, vas dirigiendo cada paso que doy, voy decidido a quererte para toda la vida, no importa que los océanos guarden tu tesoro, ni que la luna venga esta noche a llorar, no sé cómo es tu voz, promesa de felicidad.

Me arreglo el flequillo, bajas la mirada, se hace el silencio, se rompen los miedos, bailan las hojas de los árboles y todo se dijo sin pronunciar palabras.

Ayúdame. Miñarro, va a 7º A , no al B. Destino que por una letra nos separa no me lo tengáis en cuenta. Porque cada curso que empieza, brindo por ella.

Y más aniversarios en la casa de Alson

martes, 13 de agosto de 2013

Sueños de un Juevero eterno


Sueños de un Juevero eterno

 

Sabemos poco de todo, pero de sueños, sabemos mucho menos aún, aunque a veces nos empeñemos en soñar que lo sabemos todo sobre ellos.

De todos modos, si de sueños nos toca hablar, aunque poco nuevo digamos, algo diremos… 

Sani, imagino este sueño lleno de Jueveros, de belleza, tendidos en la hierba, fiesta, brindis por cada relato, limonada fría,  sin miedo porque ya no podremos ponernos malos. Eso sí. Seguirán vigentes  las normas de Tésalo, ya que las conocemos…

Por la noche dormiremos mirando a las estrellas y nos irán transformando. Entre bosques de tamarindos nos reiremos de las ocurrencias, de los chistes malos, de las exageraciones del orgullo, del reclamo de la alondra. Bailaremos en el Patio de los Naranjos de Córdoba al compás de la Noche Blanca del Flamenco. Y en cada amanecer nos sorprenderá lo que no hay necesidad de explicar.

Temblaremos de emoción,  sinceridad de un suspiro, melodía de  tus labios, granada entreabierta, sandías colorás, luz rojiza del atardecer, chorros de las fuentes, infinita dulcedumbre que no acabará nunca.

En un Planeta del que no recuerdo ahora mismo el nombre, sus habitantes conforme envejecen, son más bellos, más felices, más creativos, más enamorados, más viajeros, más fuertes, más poetas, más risueños, más bromistas, más llenos de vida.

Conforme se acercaba el final de sus días resplanden como olivos de oro bañados por mil soles, tranquilidad que cautiva, paisajes que no saben llorar, sueños que se quedan cortos, música de victoria,  conciertos en directo, teatros, bares, playas, montañas, barbacoas… no cabe tanta felicidad en un corazón.

A los que habitamos este milagroso Planeta Azul, nos esperan maravillas que dejan en nada a todo… serán realidad eterna justo al instante siguiente de nuestro último instante… ese que Santi ya ha vivío.

Que así sea.

 

  

 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Este jueves: Cazorla en el Ascensor



Al salir del ascensor no estaba en la planta cero. Estaba en las plantas de Cazorla.

Podéis imaginaros los ojos más hermosos  clavados en el corazón de la misma Sierra. Tregua de felicidad,  promesa y beso. Qué  insinuáis.

Paisaje que camela lo que nadie ha visto. Arroyos de intimidad, flamenco en una noche de agosto, rincones para amarse, luces a medio gas, rosa de expectación.

Contemplar  mil mundos, con todo, desde su balcón, destinos que parecían llenitos de eternidad, gitana cuando te veo… ¡ay,ay!

Sabrás arrancarte un beso, sanar la herida en  mitad de la pasión, convencer al mismísimo destino, pero al querer, no sabrás que decir.

Así me encontré en mitad de Cazorla. Aroma de lavanda, pinares, columnas de luna… luz que me sostiene, rama de canela,   ponche casero.

Cielos convencedme,  de que nada vale más que las cosas que me decís …  que se llora con sólo pensar que no llegarán.

Lágrimas, vivid tranquilas, la quiero tanto que cada amanecer y cada resplandor renueva a la misma aurora.

Campo  y piano en un recuerdo me trae tu risa, sólo un sueño se repite, nada ha cambiado.

Dónde quedaron los desengaños, y los besos que no nacieron, y las ilusiones que no les dió el sol. Y las malagueñas que no canté. Y el olor a ti, zarzamora que arañas el alma.

Entre tu arboleda y el águila que vuela, nosotros en faena , barbacoa de chorizos y morcillas.

Vino de lagares cercanos, pan de pueblo, tomates con sal, pepinos de la huerta, lechugas tiernas, aceite del molino, siesta que me enseñó lo que vale un comino.

Te quiero con la fuerza de la noche que no quiere dormir. Te quiero mientras cantas una soleá. Te quiero porque desde que te conocí no sé no quererte.

Cazorla, Segura y las Villas, Metrópolis fluorescente… decidme dónde venden lo que aquí se siente.    

         A la vuelta subí por las escelaras.

Más metrópolis en  el periódico juevero

martes, 30 de julio de 2013

Luna


Cuando la Luna no tiene luz, le hablo despacito, sin prisas, con la confianza que da la noche. Está ahí en zapatillas, relajada.

Le voy contando que cada vez entiendo menos. Que el otro día me preguntaron cómo se escribía una palabra con b, v… no lo sé. No lo se. Cada vez que tengo que oírme un no lo se, no se lo que siento.

Antes parecía fácil saber, entender, escribir, soñar, viajar, querer, volver, regalar, dormir; ahora…

Hablar con la gente es lo que me consuela, alejarme del ordenador, de internet, mirar a la vida con la cara de asombro de los niños que se toman su helado de chocolate, dejando rastros de fondán en sus labios, en sus mofletes, en su nariz, en su mirar.

No importa, porque será la misma brisa del Mediterráneo la  que moverá esta noche el  abanico de colores en tu corazón.

Cántame lo que sientes, préstame tu reír, Luna, quédate, que si no, me engañan hasta en la pescadería.

Cuando llegue tu luz, cuando te vea y te rías y tu pelo y tu voz y tu pañuelo…

Selene esta noche estás tan guapa, que hasta tu bostezo, plata fina del Albayzín, lo grabaré en la madrugá.

Bulevar vacío, agua en calma. No me canso, en susurros …hasta que viene el sueño.

Noche en la ventana, gesto de seguir tu camino,  último intento, por bulerías:

Quédate un poquito más, Luna, porque dicen que a veces se tarda el alba.

Vida, llena de verde, de agua, de soles y  de atardeceres y gorriones, de mundos, de libros, de música de ti… sólo queda vivirlo.

miércoles, 24 de julio de 2013

El bosque


Ya no tengo más bosque donde ir que al del poster grande sujeto a la pared por cuatro chinchetas verdes; paisaje arbolado, lleno de música, veredas que llevan y traen según tu alma tenga pena en su mirar…

Hay dos colinas: la más concurrida, la del jamón, con sólo decir tengo hambre, te sirven  una ración de ibérico de bellota bien cortado, finico, veteado. . . enfrente están las  bebidas. Enseñando el jamón tienes barra libre. En medio un valle, mesas y hamacas de diseño ergonómico que miran al cielo.

Allí crecen los recuerdos entre palmeras datileras, fresas silvestres, violetas de fragancia nocturna, ríos de poesía con peces que recitan a Calderón, Lope de Vega y a Shakespeare en inglés, no hay celos.

Luego, andar descalzo sobre el césped del bulevar,  renovando las ilusiones por cada una de tus miradas, tuve miedo.

Música que arranca sin pedir permiso.

Arenas blancas, guía de cumbres dibujadas, las más cercanas, allí están, entre nidos de manos, las dos primeras lágrimas de amor, el primer te quiero, y la promesa eterna, poesía de rimas inocentes, beso que sólo en sueño se encendió…, hormigas con alas.

Bosque, me tienes enredado. Que cante tu aurora, que baile tu luz, que haga de palmero tu sol, que lloren tus estrellas. Reflejos de faro, guía de barcos cargados de especias.

Buscando las palabritas que derramaron tus labios, busco en la  Alhambra, esta noche serán jazmines; pregunto a las flores de viento, duduk de enamoraos que duermen seguros protegidos por la luna. 

Ya no hay prisas, sólo que si no estás… no hay vida ni la cerveza estará fresquita.

Quejío de un cante flamenco que sabe a vainilla, guitarra de palo santo, emoción que brilla en quien te escucha. Sentimiento de los pobres que no entendemos ná.

Hoy el único bosque que busco es el que dejé atrás sin saber que los caminos eran de agua.

Peregrino, con las manos en los bolsillos, voy por ninguna parte, preguntando al campo, al aire y a los trigales.

Cautivo de tu nombre, cautivo del vino, te vieron por Granada, por el Albayzin, te sigo.  En su mirador de San Nicolás, esta noche, brindaremos con la Luna. No me faltes.

 

jueves, 18 de julio de 2013

El pozo de los deseos


No había descanso. Aquel pozo aparecía a la sombra de una acacia, ofreciendo la plenitud en medio de la nada de cada día, de cada instante. Sus aguas rozando los labios,  vergel,  miradas a tu recuerdo.

Todo lo vestía de color: la tristeza, la soledad, los miedos, los pensamientos destemplados, inmisericordes, los recibos del impuesto sobre bienes inmuebles, el seguro del coche, del hogar, el teléfono, la luz; todo lo aguanto, pero las madrugás sin ilusiones…

Te ibas a Kinsasa, a Burundi, a Burkina Faso, o yo no sé dónde decías, a un dispensario médico, a pasar fatigas. Vente conmigo, salimos el sábado y tengo los billetes abiertos. Un mes allí, en medio de selvas y cielos y noches de luna africana, sólo la vida es tan bella... allí. 

No podía dormir, se levanta y por un wasap le dice que va con ella.
Todo lo superó, las colas de gente que por el boca a boca, venían de muy lejos, de otras tribus, con sus heridas a cuestas, sus hambres y sus miedos. Como yo. 

Unos padres se presentan descompuestos, su niña de 7 años se ha tragado una moneda, la tiene en el esófago.
La anestesia; sin el instrumental necesario, se apañan como pueden. Consiguen extraer la moneda que al cambio equivale a un céntimo. Moneda que ahora se ha convertido en la de mayor valor, la que vale más y es lo que piden a los padres por  su trabajo.
Ríen, están de acuerdo. Se dan por bien pagados, abrazos y miradas de final feliz, agradecidos se van. A la niña no se le ha pasado  el susto y tiene sueño.

Sol descarado cómo me haces tan feliz, cómo la vistes así, cómo puedes ser …
Miles de mariposas vienen de todos los rincones del  universo se van posando en un viejo pozo cubierto por ramas centenarias hasta que lo convierten en el pozo de los deseos, luz de oro, besos de plata, palabras de bronce, brocal de rosas, agua bendita.

Una moneda une a dos manos, a dos corazones, a dos sueños que en mitad del querer...  se están amando. Dejan caer la moneda, se vuelven a mirar y ven estrellas, planetas, una luna les canta.
De todo lo demás se encargaron los espíritus de las aguas: cumpliría sus deseos en los próximos mil años, en ellos, en sus hijos, en sus nietos...

 
 

miércoles, 10 de julio de 2013

Mirando un cuadro: Membrillero (1961), Antonio López.




 Aquí te digo. Que hasta donde llegaba el aire acicalado de tus frutos, era campo virgen. Bien enmarcado llevarías tu brisa a cualquier alma acalorada.

Sin que supieras que cada hoja que te envuelve y te abraza, y te espera y te mima, era yo.

Sentí caer una flor hecha de sueños, con el ansia que no termina, empecé a cocinar una receta sugerente. Presentada de  mil maneras en los reflejos de soles y lunas… cura toda clase de  heridas.

En la madrugá, solo me quedé… mirando. Cosa más bonita de cuadro.

Estar a tu lado será suficiente para no morir nunca, no te vayas muy lejos.

Y cuando la lluvia empapa y huele a tierra brava, ahí estás. Recién salida de la ducha, contando cada gota de vida que resbala por tu piel, pelusilla de mi corazón.

Con ansia me embelesaban los velos del sol, etéreo sol de los membrillos. Te hacía tan hermosa que no podía remediar plantar besos de clorofila, poemas de tinta verde. Caricias pintadas entre las hojas silvestres.

Con el insomnio necesito no que conviertas las derrotas en victorias… pero  cura la herida que no cierra.

En Sierra Mágica, hay una cima que le da un toque flamenco al eco que devuelve. Dices… ¡Ay! Y se escucha con una voz afillá, un jipío que quita el hipo. Hasta allí subí para soltar un:

“ Que buena estás... Carmen de membrillo”.

Más cuadros en el museo de Neogéminis.